sábado, 13 de junio de 2020

A Un Misionero


Cuando las sombras de la noche lleguen 
y ya te encuentres lejos.
Cuando el adiós de nuestros labios sea
Un cálido recuerdo,
Recién comprenderás que ha comenzado
el estrecho sendero
de la etapa mas buena de tu vida:
la ser misionero.

Cuando a esa gente, hasta hoy desconocida,
lleves el Evangelio;
Cuando quizás las puertas se te cierren
ruidosas o en silencio;
Cuando potentes y sentidas lagrimas
Surquen tu Rostro tenso,
¡Recién sabrás si ese, tu testimonio,
y tú profunda de son verdaderos!

Cuando tus pies soporten las ampollas
y no te importe el viento,
ni la lluvia, ni el frío que castiguen
implacables tu cuerpo.
Cuando solo el Señor sea tu meta
y único pensamiento,
Recién comprenderás, con mucho gozo,
que en Cristo estás creciendo.

Cuando pasen los días y los meses
y quieras detenerlos,
porque comprendes que el obrar por Cristo
y el vivir por Cristo es lo más bello;
cuando sientas que es como si estallara
todo el caudal de amor que llevas dentro,
recién comprenderás que está el Espíritu
dentro de ti viviendo.

Cuando hayan pasado los dos años
y ya estés de regreso,
y comprendas que ha sido, de tu vida,
el más hermoso tiempo.
Entonces darás gracias infinitas
a Dios el ser supremo,
que te permitió decir:
"¡YO HE SIDO MISIONERO!"

Marta B. S. de Brocca
Argentina,
(Liahona, ejemplar de Abril 1981, página 46)

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